domingo, abril 6

Por no ser mujer,
ni puta,
ni pendeja,
ni pálida,
ni mustia,
ni culearme a la luna de vez en cuando,
es que no puedo escribir algo tan ingrávido
como dentro de tu depravación.
El que alguien más tenga el culo del mundo frente a su pelvis,

-o el mejor culo del mundo-

me hace sentir tanto más bajo que lo que mi estatura permite,
y así,
pensando a veces en masturbarme mirando tu rostro mocoso, mocosa,
no sé definir si mi locura transgrede la de algunos borrachos,
que por ahí escriben,
o alguien más, que jala, fuma, in-hala -algunas alas-, en fin, vuelan de alguna forma.
Me desahucio de a veces, de a poco,
mi frialdad debe superarme, repito,
no es fácil evitar mirar un culazo de esos, que se te ponen allí mismo,
es como si te hablaran, “look at me, ven papi, cómeme, agárrame, apriétame, fuck me”.
Das un suspiro, se aparece un par de tetas, ni grandes, ni chicas,
sólo bien paradas, y da una cosita en la punta del aparato.
Es como si el pene te estuviera culpando por no hacer algo.
Luego, o antes, o ya desde siempre,
estando harto de que me rodeen puras cartuchas
y vírgenes –notemos la diferencia-
que pretenden creyendo que uno está dispuesto
a ir a tomar once con sus papis,
y darle sólo besitos e invitarla al cine o no sé donde.
Cuando la necesidad es siempre una vagina potente,
que te tomen la última gota y se abran bien, para meterles la lengua y se desesperen.
Que las estúpidas entiendan lo que quiero, así dejan de mirarme de una vez.
¡Espántense!
Muerte a las cartuchas, banales cristianas de pacotilla y la puta que las parió,
que yo me voy de este país de mierda.
Que no se cuidan la chucha ni se masturban las poco humanas.

Prefiero leerme un libro y pajearme de vez en cuando.
¡Chucha las minas tontas!
¡Chucha el hueón desesperáo!